Lee más rápido, entiende lo que lees y no pierdas ninguna información
“Tomé un curso de lectura rápida y leí Guerra y Paz en veinte minutos. Trata sobre Rusia”. – Woody Allen.
Todos conocemos la famosa frase “El tiempo es oro”, y son muchas las personas que afirman que harían muchas de las cosas que no puede hacer SI tuvieran más de este recurso tan escaso. Una de esas cosas, por ejemplo, es LEER más. Con esta finalidad, surge la necesidad de acotar el tiempo leyendo y nacen las llamadas técnicas de lectura rápida. ¿Funcionan? ¿Cuánto hay de científico en ello?
La lectura puede concebirse como la materia instrumental básica en el proceso de todos y cada uno de los aprendizajes, por tanto, es una actividad esencial para la adquisición de conocimientos.
Una de las primeras apariciones de la lectura rápida se encuentra en la mismísima Fuerza Aérea de los Estados Unidos para identificar rápidamente aviones enemigos. Más adelante, se llegaron a realizar diversos estudios en los cuales se llegó ha demostrar que los humanos son capaces de leer no solo una palabra a la vez, sino grupos de palabras. Aunque, no fue hasta finales de los 50 que se popularizó la lectura rápida de la mano de una mujer llamada Evelyn Wood, quién realmente acuñó el término de “lectura rápida”. De hecho, llegó a enseñar al mismísimo presidente John F. Kennedy y consiguió aumentar la velocidad de un lector promedio de una tasa de 230 a 300 palabras por minuto. Actualmente se siguen las mismas bases.
Anne Jones, 6 veces campeona mundial de lectura rápida alcanza una velocidad de unas 4.700 palabras por minuto. Su más reciente récord lo hizo leyendo Harry Potter y las reliquias de la muerte en nada más ni nada menos que en 47 minutos. Impresionante,¿ no? De aquí el chiste de Woody Allen cuando dice: “Tomé un curso de lectura rápida y leí Guerra y Paz en veinte minutos. Trata sobre Rusia”. Seguramente, Anne Jones consiguió toda una hazaña, pero enterarse del libro es otra historia diferente.
Podemos definir lectura rápida como el uso de varias técnicas que permiten a una persona aumentar la velocidad con la que lee considerablemente. Ahora, el coste es tu capacidad de compresión del texto, aunque se diga que incluso la aumentas. Si no, pide detalles a Anne Jones sobre el libro de Harry Potter.
La cuestión es que todo tiene un coste, y en el caso de la bonita premisa de “lea más palabras en menos tiempo” es la capacidad de COMPRESIÓN. Tu cerebro simplemente no es capaz de asimilar tal cantidad de información a una velocidad de lectura tan alta. A este paso si no puedes comprender ni retener nada es como si no hubieras avanzado nada, sigues en el mismo punto de partida.
La ciencia ha desmitificado por completo la lectura rápida al explorar las barreras de la anatomía y la fisiología del ojo, así como el procesamiento neuronal. La más importante de todas recae en la capacidad limitada de la memoria de trabajo, que solo puede retener temporalmente alrededor de 5 a 9 palabras por lectura. Este límite genéticamente determinado no puede ser ni ampliado ni superado.
Los defensores de la lectura rápida proponen que leer periféricamente, captando grandes porciones de texto, sería eficiente, aunque esto no es cierto. La visión periférica es bien limitada ya que estamos restringidos cognitivamente en la cantidad de palabras que podemos procesar simultáneamente. Existen tanto límites visuales como cognitivos, y tratar de leer demasiadas palabras a la vez resulta en pérdida de compresión.
Aunque la lectura rápida se nos presenta como la opción más atractiva y segura no hay ninguna base científica que pruebe que esta funcione y sea eficaz a la hora de aprender. Entonces, ¿Qué puedo hacer?
Sustituye la lectura rápida por la Lectura Inteligente: